
En 1985, un veinteañero Carles entró a la Escola de Restauración y Hosteleria de Barcelona. Combinó los estudios con el trabajo en restaurantes como Els Pescadors, L'Odissea, La Dama y el Hotel Meli, y conoció a una figura determinante en su trayectoria posterior, Ferran Adrià. Éste le acogió en el Bulli primero para un stage y luego en su equipo, encomendándole siete años después la dirección -desde el minuto cero- del Talaia del Port Olímpic barcelonés, y más tarde la puesta en marcha de la cocina del hotel Hacienda Benazuza en Sanlúcar la Mayor (Sevilla).
Nuestro chef, que en Cala Montjoi había descubierto por fin su vocación, acabó regresando a la Ciudad Condal para aventurarse como propietario en un local situado en la calle Comerç número 24. Su objetivo desde entonces es desacralizar la alta gastronomía y ofrecerla en un escenario contemporáneo a precios razonables, sin renunciar por ello ni a la creatividad constante ni al buen producto.
La piedra angular de su propuesta tiene el formato de tapa, y ésta surge del gusto de la memoria y de una actitud abierta a lo mejor de cada cultura culinaria.